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Plegaria de un Caballo ¡Dueño
Bienamado!
Dame de beber y de comer , cuídame, y cuando
termine el trabajo de cada día, dame cobijo,
un lugar limpio donde reposar y un pequeño espacio,
no demasiado pequeño, en tu cuadra.
Háblame, porque a menudo tu voz remplazara al
freno. Se bueno conmigo y te serviré aun mas
alegremente y te amare. No tiras las riendas,
no utilices el látigo en las pendientes, no
me golpees, no me des patadas si no te comprendo,
sino dame tiempo para comprender tus intenciones.
No me juzgues desobediente si soy lento para
aprender.
Y cuando el fin este próximo, bienamado dueño,
cuando ya no pueda servirte, te lo suplico,
no me dejes morir de hambre o de frió, y no
me vendas. No me abandones a un amo desconocido
que me atormentara lentamente y me hará perecer,
sino se bueno, mi amo y señor y dame una muerte
dulce y rápida y Dios te lo recompensara aquí
y en la eternidad.
Déjame dirigirte esta plegaria, y no creer que
es falta de reverencia si te imploro en nombre
de Aquél que nació en un establo.
Amen |